sábado, 6 de junio de 2009

LOS SHUCOS


Ahora, que estamos en la era del fast food, nos hemos acostumbrado a llamar shucos a los panes que originalmente eran los hot dogs o chuchitos calientes.
Comencemos por identificar la palabra shuco. Shuco, sinónimo de sucio, mal oliente, jugadas mal intencionadas, negocios de dudosa procedencia, etc.

Por los años 50 y 60 los estudiantes de aquellos tiempos salíamos de los colegios a sextear y ver patojos y patojas. Sobre la 6a. avenida y trece calle de la zona 1 de la ciudad capital, existía un establecimiento llamado Frankfurt, en donde vendían unos deliciosos hot dogs y mixtas. Aprovechábamos para comprar uno y compartirlo con los amigos o amigas, pero todavía no los habíamos bautizado con ningún nombre.

Se popularizaron tanto y como los chapines somos ocurrentes, se les dio el nombre de shucos a los panitos de ventas en carretilla. Estas ventas llevan una plancha en donde se doran un poco las salchichas, se prepara el guacamole, el repollo, mostaza, mayonesa, ketchup y chile (si se desea). No hay quién no haya comido alguna vez los famosos shucos, cuyo origen fue en la Zona 4, atrás de la Cámara de Industria, conocidos como "Los Shucos del Liceo" o "Los Shucos del Chino". Este negocio también se ha propagado a las universidades, y en las tiendas y supermercados los panes se venden como shucos.

Al final de la Avenida de las Américas, zona 13, se sitúa una venta callejera de shucos. Al ir a abordar mi carro, que se encontraba estacionado cerca de la venta, observé a un perrito flaco y desnutrido merodeando alrededor de un bote. Este inteligente animal esperó el descuido del dueño para sacar un paquete de salchichas, rápidamente cruzó la calle y se escondió detrás de un arbolito, en donde tranquilamente degustó del exquisito manjar. Por la aglomeración de los compradores, el dueño ni se percató del ladroncillo, que con tanta astucia esperó el instante preciso para saciar el hambre. Me causó mucha gracia y con la amiga que me acompañaba soltamos una carcajada.

Aplicándolo a ciertos seres humanos, existe un paralelismo con la anterior anécdota. Individuos aprovechados que con movimientos hábiles y shucos, embaucan o engañan a las personas, sin importarles el perjuicio que causan. Además, al igual que el perrito, buscan esconderse atentos a cualquier movimiento extraño que los delate. El perrito se justifica porque lo hizo por hambre, en contraste, el hambre del ser humano persigue enriquecerse a costa de otros. La aplicación de la ley en estos casos no se cumple, pues estos individuos han calculado fríamente los movimientos y compran la voluntad de los encargados de aplicar la justicia. ¡Cuántas personas han quedado en la calle por confiar en instituciones manejadas por personas inescrupulosas! Tal vez eran ahorros conseguidos con el esfuerzo de años y años de trabajo honrado, con miras a asegurar su vejez. Aquí queda como anillo al dedo tildarlos de SHUCOS, escrupulosos por fuera, podridos por dentro, corrompidos por el poder que da el dinero. Estas personas son verdaderos representantes de la palabra.

Volviendo a la simpática y popular comida de los shucos, imagino que fueron bautizados así porque se chorrean por los lados al tratar de comerlos, uno se mancha las manos, la ropa y hasta los zapatos. Es una comida rápida, popular y barata para mitigar el hambre; se encuentra en infinidad de calles y avenidas, parques, colegios, universidades y eventos de cualquier naturaleza. Hay personas que pueden comerse hasta una docena de shucos en el mismo instante.

Cuando esté cerca de una carretilla que vende shucos, mientras paga y busca un lugar para apoyar su gaseosa y el shuco, ponga atención porque alrededor siempre hay uno o dos perros acompañando al vendedor, en el momento menos esperado puede desaparecer su refacción, almuerzo o cena, como por arte de magia.
Debo agradecerle a los shucos, haberme traído a la memoria una anécdota que todavía me causa risa, basada en algo tan sencillo como un simple perrito callejero y un paquete de salchichas.