
Después de que nace un bebé, lo primero que preguntan a los padres es el nombre que le pondrán para escribirlo en el Certificado de Nacimiento y luego en el Registro Civil. Muchos papás comienzan meses atrás a pensar en el nombre, según sea niño o niña. Pero cuando ya ellos lo tienen decidido, entran en escena los abuelos, los parientes de ambos lados y los amigos.
Costó tanto para que los padres se pusieran de acuerdo y resulta que ahora aparecen disgustos porque el nene o la nena no lleva el nombre del abuelo o abuela paterno o materno. Para quedar bien muchas veces le ponen los nombres de los dos abuelos y se acabó el problema, el niño por ejemplo se llamará: Francisco Enrique. Si son las abuelas las del disgusto, proceden de la misma manera y todo queda en paz,la niña se llamará: Cristina Eugenia. Otras veces les ponen el nombres de algún artista de cine o televisión, un ídolo o personaje importante o histórico del que oyeron hablar, sin saber nada sobre el mismo, dependiendo de la moda del momento. Ojalá no se le ocurra a alguien ponerle Pluto, Gooffy o Hulk a su hijo, sin embargo, todo puede ser posible.
Muchas veces los padres deciden ponerle uno o dos nombres que rimen con los apellidos sin relacionarlos con los nombres de los abuelos o las abuelas. Surge la pregunta indiscreta, ¿Y quién se llama Eduardo, Mariano, Felipe, Marina, Lucía, Susan, etc. en la familia? Comienza la discusión entre los nuevos papás, diciendo que la tía, la prima, el cuñado, el mejor amigo, la vecina, etc. tienen razón porque la persona que lleva tal o cual nombre le hizo una grosería a su mamá, a su papá o a algún miembro de la familia y no quieren que la recuerden toda la vida al llamar así a su hijo o a su hija. Eso es meter cizaña y comienzan las malas caras y los comentarios sarcásticos. El inocente bebé ni siquiera está enterado o enterada de lo que está ocurriendo y tampoco puede opinar sobre cómo le gustaría llamarse. Por fín le ponen su nombre al bautizarlo, aunque, hay casos en que algunas personas al llegar a adultos deciden cambiar su nombre porque no les gusta.
Pero volviendo al tema, es impresionante ver cómo una persona puede causar tanto alboroto, lo más curisoso del caso, como lo mencioné anteriormente, es que el propio interesado o interesada, que es el o la recién nacida, no puede hablar y está a merced de lo que decidan los papás.
Después de haber observado los problemas que causa ponerle el nombre a las personas desde su nacimiento, por ejemplo, los niños con nombres como los que se mencionaron al principio después de pensar, discutir y darle tantas vueltas, les terminan diciendo: Pancho, Quique, Tina o Shenny y ni sombra de los nombres originales y les ponen sobrenombres como: El Canche, El Negro, Sapo, Chino, Osito, Chato, Chinita, Chiqui, Chatía, Chulis, Muñeca, Colocha, etc. y cuando los llaman por su nombre original no atienden porque se han acostumbrados a su apodo y lo sienten más familiar y cariñoso, por supuesto cuando el apodo no sea malintencionado para ofender con desprecio y grosero.
Total que por gusto tanto alboroto, si al final lo importante es la calidad de la persona. Un punto para reflexionar es que hay algunas persona que llevan nombres nobles como: Ángel o Ángela y resultan ser todo lo contrario en la vida real.





