
Era una fría y sombría mañana de otoño, el viento soplaba fuertemente y sentada a la orilla del camino encontré a una viejecita que tenía entre sus brazos un cántaro de color rosa. Al acercarme escuché una melodía que hablaba de una pequeña niña que había perdido la felicidad. El único momento en que se detenía el canto era cuando la viejecita posaba su arrugada mano sobre mi brazo. Repentinamente sentí un leve escalofrío cuando aquella señora me miró de reojo, invitándome a sentarme a su lado. Mientras charlábamos, fue creciendo mi curiosidad sobre la canción del cántaro, pero no me atreví a preguntar porque pensaba que se trataba de una historia que estristecería mi corazón.
Volví al día siguiente, del cántaro salía una exquisita fragancia y se podia escuchar una alegre y pegajosa canción. En lugar de la viejecita, había una señora de cabellos de oro y unos ojos tan azules que se confundían con el color del cielo. Me senté a su lado hasta que el sol desapareció. Esa noche no lograba conciliar el sueño, ya que al cerrar los ojos escuchaba la melodía y se dibujaba la silueta de la señora una y otra vez.
Al despertar me sentí tan feliz como nunca, cantaba, bailaba y no dejaba de sonreir a las personas que cruzaban por mi camino. Por la tarde volví al lugar de mis inesperados encuentros; esta vez encontré a una niña tan linda y tan feliz que no encuentro palabras para describirla. No esperé a que me invitara para acompañarla, no sabía por qué sentía aquella atracción. Noté que el cántaro habia desaparecido y al preguntarle a la niña, se sonrío y me dijo que ya no tenía necesidad de llevarlo, porque había encontrado a alguien a quien había llenado de dicha y felicidad. Aquella viejecita del principio de la historia se había ido tranformado hasta llegar a ser una dulce y hermosa niña. Todos los días nos reuníamos para conversar, aunque yo continuaba intrigada por el paradero del cántaro rosa. Una tarde no encontré a la niña, encontré el cántaro y dentro de él había una nota de mi amiga: - Este es tu regalo de Navidad -. Ante mis ojos vi cómo el cantaro se convirtió en un Ángel hermosísimo. La tristeza comenzó a invadirme y de repente escuché al angel entonar una canción y la felicidad me inundó, entonces comprendí el mensaje: Había recibido la visita de la Virgen María y ahora sé que si algún día me siento triste, solo tengo que elevar mis ojos al cielo y enseguida Ella vendrá a consolarme y a devolverle alegría a mi corazón.
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