miércoles, 27 de mayo de 2009

HUELLAS DEL TIEMPO


En nuestro recorrido por la vida, habremos tenido momentos que han dejado una huella en el camino. ¿Si nos preguntaran cuál de todos ha sido el que más recordamos? Seguramente estaríamos ante un panorama tan extenso, que resultaría muy difícil responder de inmediato sin antes meditar sobre cada paso que hemos dado.

La mayoría de las personas recuerdan muy poco sobre sus primeros años de vida, hasta llegar aproximadamente a los 5 o 7 años de edad. Resulta interesante preguntarnos el motivo por el cual han quedado fijos en nuestra memoria. Probablemente fue la primera vez que fuimos separados de nuestros padres para ir a la escuela, porque significó salir del ámbito seguro y protector. Cuentan algunas madres que la tristeza las embargó toda la mañana, sólo de pensar que algo pudiera sucederles a sus hijos. Conforme fueron pasando los días la angustia terminó y tanto la madre como el niño o la niña se fueron adaptando. El niño o niña recordará cierto disfraz que utilizó en alguna de sus clausuras, la cantidad de fotos que guardan sus padres en un album, sin lugar a dudas sintiéndose muy orgullosos de ver la desenvoltura de sus pequeños, aunque el papel hubiera sido representar a un árbol fijo sin ningún movimiento ni sonido.

Luego el cambio de un colegito cercano a la casa, hacia un colegio formal con más niños, y utilizando el bus del colegio como medio de transporte. Los pobres niños con carita de sueño bajando del bus, y pensando en que primero tenían que hacer las largas tareas para gozar un poco del juego. Despertar cada mañana muy temprano entre: ¡Apurate! ¡Terminá tu desayuno! ¡Te va a dejar el bus!El niño o niña arrastrando su mochila, tan pesada como un tractor. El día de entrevista de los padres con los maestros, los niños felices de no tener que ir al colegio; algunos angustiados por las calificaciones y la opinión de los maestros, otros, tranquilos, sabiendo haber obtenido buenas calificaciones y en espera de una felicitación o un premio de parte de sus padres.

Ya sea de una u otra manera, creo que no hay ninguna persona que no haya soñado con el momento de no saber contestar las preguntas de un examen, y el alivio al despertar y comprobar que es historia antigua.

Otras personas recordarán con agrado los ratos compartidos en familia, días de campo, cumpleaños, etc. Inolvidables las travesuras y por supuesto al estar jugando, haber roto alguna maceta, vidrio o adorno en casa de los tíos, los abuelitos o los vecinos. ¡Qué ratos aquellos! Niños, cuya única preocupación y obligación era estudiar para los exámenes y divertirse jugando.

Los viajes traen recuerdos agradables, conocer otros países y gozar de las diferentes atracciones que se ofrecen al visitante. Visitar las tiendas y comprar un juguete o alguna curiosidad novedosa y luego regresar a casa para disfrutar de ella, conservarla como un gran tesoro para poderla observar más tarde con cierto aire de nostalgia.

La primera vez que nos enamoramos de aquel príncipe azul o la princesa de película, cuando todo era color de rosa y se nos escapaba el tiempo soñando sin tener en la mente más que aquella imaginaria historia de amor, muchas veces platónica.
Adolescentes, entre música, fiestas y paseos con los amigos, creyendo haber conquistado el mundo, haciendo castillos en el aire sin saber que apenas estabamos comenzado a conocer la vida. La primera vez que manejamos un carro solos y la primera vez que lo chocamos sin saber cómo explicarlo a los papás, porque aunque no hubiera sido nuestra culpa sería un poco difícil de creer.

¿Y quién no se capeó alguna vez, con la excusa de ir a conseguir regalos para los juegos que habrían en la mañana deportiva o la kermesse del colegio? El encargo se realizaba muy rápido y el resto del tiempo a tomar un helado, comer un shuco o una hamburguesa.

Casi todos los colegios desfilaban el 15 de septiembre, entonces se aprovechaba para perder el tiempo repasando para la marcha. Se hacían los ensayos durante las horas de clase, de manera que no podían impedirnos ir a las prácticas. Lo malo era que al día siguiente de la marcha, programaban exámenes, y si se había perdido el tiempo había que estudiar mucho para rendir bien.

Los tiempos de universidad, hacer nuevos amigos, salir de paseo o armar fiesta con cualquier excusa. Amigos que casi siempre son para toda la vida, porque es la época que se va entrando en la madurez y se busca pertenecer a un grupo con los mismas aficiones e intereses. A algunos compañeros, igual que al graduarnos del colegio, nunca los volveremos a ver, pero quedarán en el recuerdo las horas de estudio o simplemente los ratos felices que compartimos durante los años de la carrera.
Anécdotas de las que volvemos a reirnos al reunirnos, bromas y situaciones que sin planearlas resultaron graciosas, pero que sólamente los del grupo comprendemos.

El nacimiento de cada uno de nuestros hijos, nunca se podrá describir la felicidad de ser padres y tener por primera vez entre los brazos a esas criaturitas tan frágiles, regalos que Dios nos dio. Sus primeras sonrisas, sus primeras palabras, sus primeros pasos, en fin, toda la vida de satisfacciones que nos han brindado.

Estas son algunas cosas que se pueden recordar con agrado, aunque cada persona guardará muchas otras de grata recordación.

¿Alguna vez hemos pensado cuántas huellas del tiempo hemos dejado en la vida? Si hasta ahora nos planteamos esta pregunta, es mejor que comencemos a reflexionar, porque el tiempo vuela y cuando uno menos siente ya se le ha escapado. Quizás cada uno de nosotros piensa que las huellas del tiempo no nos han afectado, pero al paso de los años éstas imprimen su sello y al mirar hacia atrás nos damos cuenta que cada instante ha quedado estampado en el libro de nuestra vida, unas líneas irrepetibles, quizás con algunos altibajos, forjadoras de nuestro entorno y nuestra personalidad. Ojalá hayamos contribuído en algo hacia un futuro mejor y no haber pasado por el mundo así nada más, por lo menos dejando un grato recuerdo en las personas que tuvimos la dicha de conocer, aunque haya sido un momento tan efímero como el vuelo de las mariposas.

domingo, 24 de mayo de 2009

REDES SOCIALES


Haciendo un recorrido desde la infancia, nos podemos dar cuenta que hemos sido agregados pasivamente a formar parte de grupos o instituciones como: la familia, el colegio, el instituto, cuyos conectores han sido nuestros padres. En la adolescencia fue la primera vez que escogimos los amigos con quiénes entablar una relación social, compartiendo ratos agradables e intereses mutuos.

En la Universidad o en el trabajo, empezamos a conocer gente nueva por motivos de afinidad y a reorganizar nuestro entorno, se amplió nuestra actividad social y los medios de comunicación vinieron en nuestro auxilio, para salir al mundo y fortalecer lazos de amistad con personas con las que habíamos perdido contacto por diferentes circunstancias. Las relaciones virtuales se han extendido y fundido con la construcción de nuestro entorno. Hemos sufrido una transformación con diferentes características. Si buscamos trazar la red social de un grupo de bloggers a través de Internet, seguramente obtendremos datos de distintas categorías: conferencias, publicación de artículos, proyectos colectivos, referencias familiares, compañeros de colegio o vecindario, con vista a establecer relaciones de largo recorrido.


Había quedado un espacio sin explorar, entonces dan inicio otras redes virtuales, una estructura en donde hay individuos que se encuentran relacionados entre sí. Las relaciones pueden ser de tipo financiero, amistad, como medio de interacción entre diferentes chats, foros, juegos en línea, etc. La popularidad de estos sitios creció rápidamente y grandes compañías han entrado en el espacio en Internet. Por ejemplo, Google lanzó Orkut en el año 2004, Yahoo creó redes sociales en el año 2005.

Este sistema comienza cuando un número inicial de participantes envía mensajes a miembros de su propia red social, invitándoles a unirse al sitio. Los nuevos participantes repiten el proceso, creciendo el número total de miembros y los enlaces de la red. Los sitios ofrecen características como actualización automática de la libreta de direcciones, perfiles visibles, y también pueden crearse en torno a relaciones comerciales.

Las redes sociales son más populares que el correo electrónico. Hay personas que se quedan pegados a estos sitios web y navegan mucho tiempo a través de sus páginas, porque en ellas satisfacen las necesidades básicas de actualidad, comunicación, entretenimiento y protagonismo. Existe la necesidad de estar informados sobre el mundo y áreas de interés generales, pero también interesa lo que está haciendo determinada persona, dónde vive, cómo le fue en su viaje, y qué es de la vida del novio, el esposo y los hijos. Por eso, sitios como Facebook o MySpace, ofrecen diversos recursos para estar enterados sobre mucha gente o temas de distintas maneras; los chismes, fotos y videos quedan archivados para compartirlos con otros. Gracias a la tecnología, las distancias geográficas se han reducido y podemos estar interconectados a personas, fuentes de información y recursos en cualquier parte del mundo.

Sin embargo, hay una parte negativa al utilizar estos sitios web. No hay que pecar de inocentes ofreciendo datos de nuestras vidas que después pueden ser utilizados para perjudicarnos. No es muy difìcil que gente inescrupulosa use una falsa identidad para sacar información que posteriormente utilizará y ocasionará algún daño emocional, moral o material.

Pueden catalogarme como una persona anticuada o desactualizada por no utilizar Orkut, Facebook, Twitter, etc., porque considero peligroso que cualquier persona tenga acceso a la intimidad y la vida privada, aunque se proporcionen los datos mínimos que requieren estos sitios para ingresar como miembro.