
Para elaborar el Nacimiento, poníamos la arena, las piedras, el aserrín, el espejo para hacer el lago, arbolitos y ranchitos. En una esquina especial colocábamos a La Virgen María, San José y el pesebre con el Niño Jesús, frente a ellos el buey y la mula. El Nacimiento ocupaba la mitad de la sala y había que encontrar el lugar adecuado para los Reyes Magos con sus vasallos, las ovejas, los patos, la palomas y varios pastores. Nos tomaba cerca de tres semanas terminar el Nacimiento, porque cada día aparecía un familiar aportando un detalle especial para embellecerlo. Se remataba en la orilla con hiladas de manzanilla, hojas de pacaya y algunos gallos, para darle el típico y tradicional olor a Navidad.
Hubo un año que llegaron de visita los señores Naranjo y su hijo Camilo, antiguos amigos de la familia. El niño preguntó: ¿Por qué no han puesto a ese burrito con cara triste? Nosotros lo habíamos dejado arrinconado detrás de uno de los reflectores que alumbraban el Nacimiento, pues al burrito le faltaba la mitad de una oreja y tenía una pata rota, decidimos guardarlo dentro de una caja para ponerlo el próximo año. El niño nos miró fijamente, no dijo nada y luego pidió a sus padres regresar a su casa.
Llegó la Noche Buena, toda la familia nos reunimos muy felices para celebrar el Nacimiento de Jesús, pedimos muchas bendiciones, rezamos, nos deseamos Feliz Navidad, salimos a quemar cohetillos y luego cenamos.
Una hora más tarde llegaron los señores Naranjo, su hijo Camilo venía muy contento porque se le había cumplido el único deseo de Navidad, pero no nos quiso decir cuál era. Al regresar al lado del Nacimiento, vimos un burrito sonriente cerca de la Virgen María, pensamos que se lo habían regalado a algún niño y lo había colocado allí.
El día de Reyes volvimos a tener fiesta y todos los niños recibimos regalos, nos llamó la atención una botita con dulces, colgada en una rama justo sobre el sonriente burrito. La bota decía: Para el Carbonero como agradecimiento por el especial trabajo para el que fue escogido. No sabíamos quién había puesto la bota y el mensaje.
Pasaron tres días y Camilo nos dijo que habíamos olvidado la historia cuando un ángel anunció a José y María que debían de huir para salvar a Jesús, porque Herodes había dado la orden de matar a todos los niños menores de dos años. Camilo había remendado al burrito, le había dibujado una sonrisa, lo colocó en el Nacimiento y le había regalado dulces, como recuerdo y señal de agradecimiento por el servicio prestado por aquel burrito que cargó a la Virgen con el Niño Jesús, y junto a San José partieron hacia Egipto.
A partir de entonces, nunca falta un burrito en el Nacimiento, aunque con el paso de los años El Carbonero se perdió y lo tuvimos que sustituir por otro, a quien bautizamos con el mismo nombre, para que cuando nos pregunten podamos contar la historia que Camilo nos recordó.