domingo, 27 de diciembre de 2009

El Carbonero


Para elaborar el Nacimiento, poníamos la arena, las piedras, el aserrín, el espejo para hacer el lago, arbolitos y ranchitos. En una esquina especial colocábamos a La Virgen María, San José y el pesebre con el Niño Jesús, frente a ellos el buey y la mula. El Nacimiento ocupaba la mitad de la sala y había que encontrar el lugar adecuado para los Reyes Magos con sus vasallos, las ovejas, los patos, la palomas y varios pastores. Nos tomaba cerca de tres semanas terminar el Nacimiento, porque cada día aparecía un familiar aportando un detalle especial para embellecerlo. Se remataba en la orilla con hiladas de manzanilla, hojas de pacaya y algunos gallos, para darle el típico y tradicional olor a Navidad.
Hubo un año que llegaron de visita los señores Naranjo y su hijo Camilo, antiguos amigos de la familia. El niño preguntó: ¿Por qué no han puesto a ese burrito con cara triste? Nosotros lo habíamos dejado arrinconado detrás de uno de los reflectores que alumbraban el Nacimiento, pues al burrito le faltaba la mitad de una oreja y tenía una pata rota, decidimos guardarlo dentro de una caja para ponerlo el próximo año. El niño nos miró fijamente, no dijo nada y luego pidió a sus padres regresar a su casa.
Llegó la Noche Buena, toda la familia nos reunimos muy felices para celebrar el Nacimiento de Jesús, pedimos muchas bendiciones, rezamos, nos deseamos Feliz Navidad, salimos a quemar cohetillos y luego cenamos.
Una hora más tarde llegaron los señores Naranjo, su hijo Camilo venía muy contento porque se le había cumplido el único deseo de Navidad, pero no nos quiso decir cuál era. Al regresar al lado del Nacimiento, vimos un burrito sonriente cerca de la Virgen María, pensamos que se lo habían regalado a algún niño y lo había colocado allí.
El día de Reyes volvimos a tener fiesta y todos los niños recibimos regalos, nos llamó la atención una botita con dulces, colgada en una rama justo sobre el sonriente burrito. La bota decía: Para el Carbonero como agradecimiento por el especial trabajo para el que fue escogido. No sabíamos quién había puesto la bota y el mensaje.
Pasaron tres días y Camilo nos dijo que habíamos olvidado la historia cuando un ángel anunció a José y María que debían de huir para salvar a Jesús, porque Herodes había dado la orden de matar a todos los niños menores de dos años. Camilo había remendado al burrito, le había dibujado una sonrisa, lo colocó en el Nacimiento y le había regalado dulces, como recuerdo y señal de agradecimiento por el servicio prestado por aquel burrito que cargó a la Virgen con el Niño Jesús, y junto a San José partieron hacia Egipto.
A partir de entonces, nunca falta un burrito en el Nacimiento, aunque con el paso de los años El Carbonero se perdió y lo tuvimos que sustituir por otro, a quien bautizamos con el mismo nombre, para que cuando nos pregunten podamos contar la historia que Camilo nos recordó.

lunes, 14 de diciembre de 2009

CHARLY EL ACRÓBATA


En la despensa de mi casa tengo guardada una caja forrada con pana azul, decorada artísticamente con un paisaje lleno de estrellitas y pinos plateados. La conservé para guardar en ella objetos considerados por mí como valiosos. Cada Navidad la coloco en algún rincón y a todas las personas que nos visitan les llama la atención por su belleza y originalidad. Esta caja contenía en su interior una variedad de galletas riquísimas, en el centro había una galleta de jengibre en forma de muñeco para el deleite de muchas personas.
Mi tía me contó un cuento relacionado con una galleta que estuvo en una caja parecida a esta. Las galletas se iban consumiendo desde la orilla hacia el centro en donde estaba la de jengibre. Cuando se abría la caja al día siguiente, esa galleta aparecía en la segunda capa y no en donde se encontraba anteriormente.
Cierto día, los niños esperaron hasta la media noche y se asomaron a la sala para resolver el misterio. Acompañados por la luz de una luciérnaga, asidua visitante durante el mes de diciembre, quitaron cuidadosamente la tapadera, y encontraron todos los papelitos blancos vacíos y revueltos. Esperaron unos minutos y bajo el cartón que cubre la segunda capa, escucharon a alguien cantar y bailar “Rodolfo de la Nariz Colorada” a ritmo de salsa. Al terminar, un grupo de galletas le brindó aplausos que se escucharon hasta afuera de la casa, la fiesta estaba en su apogeo, tanto que los vecinos se quejaron por el alboroto. Los niños permanecieron allí hasta el final, apresuradamente colocaron la tapadera para que no se dieran cuenta de que las habían descubierto.
Al día siguiente llegaron visitas y les ofrecieron galletas, el muñeco de jengibre estaba de nuevo en el centro de la caja, pero le faltaban dos botones blancos a su chaleco. Los niños estaban deseosos porque llegara la noche, pues querían participar de la fiesta de las galletas. Esperaron que sus padres se durmieran y fueron a la sala, pero esa noche no hubo fiesta y regresaron a su cuarto desilusionados.
Dos días después volvieron a ver si tenían suerte y encontraron la caja de galletas abierta y vacía. Cansados de tanto esperar, se olvidaron de las galletas hasta que tres días antes de Navidad escucharon de nuevo música en la sala. Encontraron a una galleta y le preguntaron si podían participar en la fiesta, a lo que ella accedió. La galleta de jengibre, llamada CHARLY EL ACRÓBATA, acababa de regresar de un viaje por el Caribe, acompañando al Circo de los Postres, en donde se presentó como el mejor trapecista del mundo. Había aprendido nuevos pasos de baile y estaba contando todas sus aventuras. Detuvo el relato cuando vio a los niños y les dijo con acento caribeño: Miren chicooo...s, nadie debe nunca de enterasss...ee que una noche unos duende...ee me llevaron a una cueva, en donde estaban reunia..aaas todas las hadas madrinaj que habían aparecio...ooo en muchos cuentooo...s y lo habían tocado con su varita. A su regreso no tuvo tiempo de cambiarse...eee de ropa y lo habían empacao...ooo en esa caja de galleta...aaj. Por eso él era diferente, sabía cantar y bailar y saltaba de un lugar a otro con movimiento...oos acrobáticos, las compañeras galletas lo llamaron CHARLY EL ACRÓBATA.
Por la mañana los niños no despertaban y sus padres creyeron que estaban enfermos, llamaron al doctor quien les recetó comer galletas de jengibre para animarlos. La madre fue a traer la única galleta de jengibre que había en la casa, esa era CHARLY EL ACRÓBATA. Los niños debían de inventar rápidamente algo para evitar comerlo, entonces se les ocurrió decir que le faltaban dos botones al chaleco y seguramente un ratón la había probado antes. Los padres desistieron de la idea y mandaron a traer nuevas galletas de jengibre.
A CHARLY EL ACRÓBATA lo tiraron a la basura, los niños lo recogieron sin que nadie se diera cuenta y desde entonces todos los años es el adorno favorito de su árbol de Navidad. Cuando no hay nadie en casa, los niños y CHARLY aprovechan para organizar fiestas e invitan a todas las galletas del vecindario; terminan bailando y cantando villancicos, con ritmos tropicales, al compás de maracas, pitos y tambores.
Al quitar los adornos navideños, guardan a CHARLY EL ACRÓBATA con mucho cuidado, en una cajita de madera para que no se lastime. En luna llena lo sacan a pasear al jardín y platican de todas las galletas con quienes disfrutaron las primeras fiestas y la sorpresa que se llevaron los niños al descubrir el secreto de CHARLY.
Aprecio mucho la caja azul, en ella guardo entre mis valiosos objetos un adorno que conseguí en forma de galleta de jengibre, con un chaleco al que le faltan dos botones blancos, ella es para mí CHARLY EL ACRÓBATA. La muestro a los niños y adultos que quieran escuchar este cuento tan original que mi tía un día me contó, mientras comíamos angelitos y tomábamos chocolate de Mixco, recostadas en la alfombra, calentándonos a la luz de las llamas que despedían los leños de la chimenea de la sala.
Las galletas de jengibre bailarían de alegría, si tenemos la delicadeza de colocarlas en algún galletero o trastecito y procurar contar en su presencia la historia de CHARLY EL ACRÓBATA; el ambiente se transformará, hasta puede ser que veamos bailar y cantar villancicos a las galletas tomadas de las manos, haciendo un círculo a nuestro alrededor como muestra de agradecimiento.

domingo, 13 de diciembre de 2009

TU CU TA TU TU


Querida tortuga Cornelia: Ya comienzan las posadas y tienes que estar lista para ir a varios hogares que reciben gustosos la visita de la Virgen María y San José, pidiendo posada. Hay que desempolvarte y acicalarte porque te esperan largas horas de trabajo. Antes las posadas se llevaban en hombros por las calles de los barrios de la ciudad, y salíamos corriendo a la puerta de la casa para verlas pasar. Lo que nos avisaba su cercanía era el típico sonido del TU CU TA TU TU de la tortuga, tocada por un palito y acompañada por chinchines, pitos, farolitos y los cantos de los peregrinos.
Cuando éramos niños, una tía nos compró tortuguitas para que todos aprendiéramos el compás que debíamos llevar, cuando tocaran los sones compuestos para la Navidad. Nos sentaban frente al Nacimiento y algunos de nosotros no tocábamos, porque creíamos que les dolía al pegarles con el palito para hacerlas sonar.
Tu sonido Cornelia, nos va anunciando la llegada del Niño Jesús,tienes un lugar privilegiado entre los animales, pasan los años y sigues presente entre nosotros.
Hay muchas historias en donde se llevan a cabo competencias de carrera entre los animales, en las que se burlan de la tortuga porque siempre llega de último a la meta. Ignoran que tu destino ha cambiado desde el momento en que decidieron utilizar tu caparazón para acompañar los rezos y las posadas durante la temporada navideña, ahora ocupas el primer lugar en la fila.
Hace algunos años asistí a un concierto en donde se presentó una famosa cantante internacional; como en Guatemala es requisito que siempre tiene que cantar o tocar antes un artista nacional, tuve el agrado de escuchar a un conjunto compuesto por instrumentos autóctonos, entre los que se encontraban varias tortugas, tocadas magistralmente. Lastimosamente no recuerdo el nombre del conjunto ni el de los integrantes, no podía creer que con esos instrumentos tan sencillos pudiera lograrse tal armonía, los cuales me hicieron vivir y viajar por un mundo mágico y misterioso.
Para amenizar la posada de mi familia decidí adquirir una tortuga, después de buscar en varios lugares encontré a Cornelia y me sentí dichosa, porque las tortugas han sido utilizadas por nuestros antepasados como instrumentos musicales autóctonos, junto al tun, la chirimía, la marimaba y el tecomate.
Cada año cuando elaboro el Nacimiento en mi casa, escucho algunos sones, dentro de los cuales nunca falta LA TORTUGA DE PASCUA, en honor a Cornelia. Imagino que al comenzar la melodía arranca la fiesta en el rincón donde te guardo Cornelia. Seguramente entre los guapos, bronceados y bulliciosos chinchines eres muy codiciada, porque eres la única chica que hay para invitar a bailar. No creas que no me doy cuenta del barullo que arman, me hago la desentendida, comprendo que son jóvenes y tienen derecho a divertirse. Es el momento que todos deben aprovechar para ejercitarse entre sones y otros ritmos tropicales, antes de emprender las alegres caminatas pidiendo posada de casa en casa. Cuidado con desvelarse mucho, recuerden que deben de estar muy despiertos, afinados y alegres en su trabajo.
Así que mi querida Cornelia, aunque en mi familia solo existes tú, porque al morir mis tíos desapararecieron tus antiguos parientes, y a pesar de sacarte a pasear únicamente durante diciembre, quiero que sepas que ocupas un lugar muy importante junto a mis otros instrumentos musicales. La diferencia es tu sonido que trae a mi memoria la primera vez que tuve una tortuga entre mis manos y aprendí a tocarla en compañía de toda mi familia, junto al Nacimiento en casa de mis abuelitos.
Ahora mi tarea es enseñar a todas las personas a gozar de tu compañía y al escuchar tu sonido, recordar los siglos que han pasado desde que el hombre encontró la manera de utilizarte como un instrumento musical, anunciando el nacimiento del Niño Jesús.
Después de Navidad a lo mejor te invito al Puerto, Cornelia, para que descanses unos días y estés con tu familia. Tus sobrinos son famosos en su colonia porque tienen un trabajo igual al tuyo, salen todas las noches y regresan hasta la madrugada, lo cual tiene muy preocupadas a tus primas. Por favor cuídate, nos vemos dentro de unos días.

MI AMIGA CHAPO


Cada fin de año vamos de vacaciones a una granja que tienen unos tíos en Huehuetenango. A mí lo que más me gusta es ir a una montañita donde pastan las ovejas. Una de ellas es mi gran amiga.
La primera vez que llegué, le pregunté a Catalino, el dueño de la granja vecina, de por qué llamaban CHAPO a esa ovejita. Catalino soltó una carcajada y me contó que antes las calles de ese pueblecito eran de tierra, pero que unos señores italianos de apellido Gomerandi, compraron unos terrenos para instalar una fábrica de alfombras; como necesitaban comercializar su producto, por medio de la Asociación de Damas Italianas consiguieron un donativo para asfaltar el camino que comunica con la cabecera departamental.
Yo no entendía la relación que eso tenía con CHAPO, pero Catalino sin dejar de sonreír, me explicó que esa ovejita siempre fue muy intranquila, no paraba de correr por todos lados, se brincaba las cercas, y se apartaba del rebaño cuando iban a pastar, hubo veces que todos angustiados se daban a la tarea de buscarla, apareciendo muy tranquila ya entrada la noche.
Le habían puesto cascabeles con toda clase de cerraduras, pero era tan inteligente que siempre ideaba la manera de quitárselos, porque de esa manera nadie podía saber hacia dónde se dirigía en busca de emoción y aventuras. CHAPO tenía la inquietud de enfilar rumbo a un lugar del que había escuchado muchas aventuras, decían que el paisaje era maravilloso, un río atravesaba el frondoso bosque, con un campo cuajado de flores de todos colores. Las ardillas, conejos, taltuzas y zorrillos abundaban en ese sitio, un paraje natural en donde se notaba que el hombre no había llegado todavía, debido a lo tupido de la maleza y lo empinado del lugar. Por los alrededores, en un cerro llamado El Laberinto, merodeaba un zorro a la caza de ovejas perdidas que podría atrapar a CHAPO si se descuidaba y desaparecerla para siempre.
Después de escuchar a Catalino por largo rato, me quedé dormida a la sombra de un árbol. Soñé que estaba con CHAPO en ese paradisíaco lugar, al que yo había logrado llegar, con los pantalones rasgados y llena de raspones por lo resbaloso del terreno, gracias a los senderos conocidos por la ovejita. Jugábamos a nuestras anchas, nadie nos interrumpía, el olor a campo era exquisito, pinos y cipreses por todos lados, había un arbolito que estaba cundido de unas frutas pequeñas de color amarillo con manchas rojizas. CHAPO me invitó a comerlas, al momento reconocí el sabor, eran las que ponían en hiladas alrededor de los Nacimientos. Había tal cantidad de pinos que el suelo estaba cubierto por piñas pequeñas y grandes que también se utilizan como adorno en la temporada navideña. Algunos árboles tenían adheridos gallos, los cuales utilizaban mis tíos en el Nacimiento. Seguimos adentrándonos en el bosque hasta llegar al río, un agua fresca y cristalina nos invitaba a zambullirnos. Las dos decidimos nadar y jugar un rato en el agua, de repente apareció el zorro y comenzamos a nadar rápidamente sin percatarnos que la corriente nos estaba arrastrando hacia una enorme catarata. CHAPO se las sabía todas y me dijo que mantuviera la calma porque más adelante caían sobre el río unas grandes ramas a las que podíamos asirnos y salir sin dificultad. Esperé un rato y efectivamente aparecieron las ramas que nos ayudaron a regresar a tierra. Al despertar estaba empapada, porque mientras dormía había caído una suave llovizna.
Al día siguiente yo seguía con la curiosidad del nombre CHAPO y Catalino continuó el relato. Se acercaba el día de Navidad, y como todos los años, los vecinos presentaron una pastorela en donde participaron niños e incluyeron burritos, patos, gallinas, pollos y ovejas. Ese año la pastorela se llevó a cabo en casa de los señores Gomerandi, que queda frente a la granja de mis tíos. Los trabajadores acababan de terminar de asfaltar el último tramo del camino, y fueron invitados al evento, colocando los instrumentos y el material sobrante cerca de la entrada de la casa en donde iba a tener lugar la presentación, con la advertencia de tener cuidado cuando alguien pasase cerca para evitar ensuciarse.
Mi amiga la ovejita, como siempre, se encontraba lejos buscando aventuras, se dio cuenta que era tarde y como junto a sus hermanitos era parte importante en la pastorela, salió corriendo a gran velocidad. Le faltaban pocos metros para entrar a casa de los Gomerandi, cuando tropezó, rebotó y cayó dentro de una cubeta llena de chapopote, material negro y pegajoso que se utiliza para asfaltar. Rápidamente y como pudo, se incorporó y fue a ocupar su lugar, sin la menor preocupación por ser la única oveja negra entre todas las blancas. Todos los presentes no pudieron contener la risa y desde entonces la bautizaron como CHAPO, porque de la lana blanca no quedó ni rastro.
No hubo más remedio que rasurarle todo el cuerpo porque el chapopote es muy difícil de quitar. Como en esa época hace frío por esa zona del país, tuvo que conformarse con quedarse en casa por varios meses, hasta que la lana volvió a cubrirla nuevamente. Pero eso no le impidió seguir con sus correrías, hasta que un día por descuido se acercó a El Laberinto, se vio en aprietos porque estuvo a punto de que el zorro la atrapara.
Han pasado muchos años desde que conocí a CHAPO, al ver asfaltar una calle siempre recuerdo a mi querida ovejita. Este año extrañé que no fuera a recibirme y me informaron que hace unos meses se rompió una pata y desde entonces cojea para caminar. Hoy es una dichosa abuelita y su trabajo consiste en cuidar a dos ovejitas, tan inquietas como ella, a quienes encargó que me acompañaran a recoger manzanilla, pino y gallos para no romper la tradición de adornar el Nacimiento con esos objetos. Al regresar de la excursión, contamos a las nietas lo dichosas que fuimos al compartir largas jornadas, durante las cuales fuimos haciendo una gran amistad que perdura hasta nuestros días. Me despedí esperando verla el otro año.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

EL LEÑADOR DEL REY



En un pueblo lejano vivía un joven leñador, de nombre Manuel, a quien sus padres llamaban en secreto EL LEÑADOR DEL REY.
Cuando Manuel contaba con siete años, su madre, Sara, lo despertó de madrugada para que acompañara a su padre y le enseñara la ruta en la que se encontraban los mejores cedros y robles, cuyos leños eran solicitados por los carpinteros del pueblo para fabricar sillas, mesas, camas, etc. Trabajaron toda la mañana y después de almorzar, Julián decidió tomar una siesta, mientras Manuel jugaba con su perro Saturno. Entre corridas y saltos, pasaron derrumbando algunos leños que fueron a parar al fondo de un barranco, sin poderlos recuperar. Al despertar el padre, llamó la atención a Manuel, indicándole que una de las primeras cosas que debía de aprender era a ser responsable en su trabajo, pues si se descuidaba podían llegar ladrones a robar el producto de tanto esfuerzo; esta vez había sido su culpa el haber perdido gran parte de los leños. Estaban en invierno, el frío penetraba hasta los huesos, alumbrados por la luz de la luna regresaron a casa, para volver al día siguiente a cortar más leños. No podían ser incumplidos con Pancho, el carpintero, quien había encargado diez cargas para un trabajo. Pasaron los años y Manuel se convirtió en un responsable y excelente leñador.
Una noche se tumbó en el césped, acompañado por Saturno, y se quedó admirando la cantidad de brillantes estrellas en el cielo, parecía como si un manto los estuviera cubriendo. Una grande y luminosa estrella se posó sobre ellos, tan brillante que casi los deja ciegos. Entre el bosque apareció un hombre que buscaba al leñador Julián, Manuel le respondió que al que buscaba era su padre y lo condujo hasta su casa. Después de cenar, lo invitaron a hospedarse con ellos esa noche.
El personaje les dijo que iba a relatarles la más grande y tierna historia, de la cual ellos formaban parte, pero fue tal su emoción que sus ojos se llenaron de lágrimas y tuvo que hacer una pausa antes de comenzar a contarla.
Mi nombre es Diego, he sido pastor de ovejas desde niño y lo que les voy a contar es lo más grande y lindo que he podido experimentar en toda mi vida. Una noche como esta llena de estrellas, nos encontrábamos varios compañeros pastoreando las ovejas y apareció un ángel invitándonos a conocer a un niño llamado Jesús, que acababa de nacer. Como éramos muy pobres llevamos manteca y requesón de regalo y nos recibieron con mucho cariño. Un cálido ambiente nos envolvía, El Niño Jesús estaba recostado sobre un pesebre, entre su Mamá, una linda y joven mujer llamada María, quien estaba feliz y extasiada mirándolo y su Papa, José, quien contemplaba a los dos con un cariño muy especial. Todo estaba en paz y un coro de ángeles entonaba cantos a su alrededor. Una gran estrella iluminó el interior del establo y enseguida llegaron unos Reyes que se postraron y obsequiaron ricos regalos al recién nacido. Nosotros nos quedamos allí toda la noche hasta el amanecer. A los pocos días regresamos, pero se habían ido porque unos soldados buscaban a niños recién nacidos para matarlos.
Lo único que encontré fue este pesebre que llevo dentro de mis pertenencias. Pregunté por la procedencia del mismo y el dueño del establo me indicó que lo había armado con unos leños encontrados en el fondo de un barranco y lo colocó en el establo para el uso de algún peregrino. Yo he buscado sin descanso entre montes y montañas al leñador que cortó esos leños, y por fin llegué a este pueblo en donde me indicaron que el único leñador que iba por esos rumbos era Julián y su hijo.
Julián y Sara se miraron con gran sorpresa, Manuel enmudeció, el corazón casi se le salía, nunca pensó que aquel descuido estaba en los planes de Dios para que esos leños sirvieran de camita para Jesús, de quien su familia era seguidora, convertidos después de haber escuchado a un grupo de hombres sobre sus enseñanzas. Diego, sus padres y él se tomaron de la mano y se postraron en tierra, agradeciendo a Dios por el privilegio de haberlos escogido para participar de esa grandiosa ocasión. El forastero les obsequió el humilde pesebre, y se marchó satisfecho, por haber encontrado a las personas que habían hecho posible el primer objeto en donde el Hijo de Dios había reposado al nacer. Prometieron guardar el secreto y a través de los siglos nunca se supo del pueblo ni del paradero de esa privilegiada familia.
Este pequeño cuento invita a imaginar y meditar sobre las estampas que se presentan en esta historia, pues aunque es producto de la imaginación, está inspirado en una de las tradiciones más bellas que se deben de conservar, como son los Nacimientos. Al Niño Jesús lo colocan recostado sobre un pesebre con paja, rodeado por la Virgen María, San José, algunos pastorcitos y animalitos, lo que nos hace recordar la historia de Manuel, EL LEÑADOR DEL REY.

lunes, 7 de diciembre de 2009

EL NIÑO DE LA BOTA


Para la temporada navideña, una señora decidió ir al mercado central a comprar algunos adornos para su casa. Estacionó su carro a pocas cuadras del mercado y se le acercó un niño de aproximadamente 10 años, ofreciéndole lavar el carro y cuidarlo. Le llamó la atención el cuidado que tenía de no ensuciar una bolsa de plástico transparente en cuyo interior guardaba una bota de Navidad. Al preguntarle de por qué tanto cuidado, le respondió que esa bolsa se la había ganado el año anterior, en la rifa durante una posada y que su Mamá le había encargado conservarla muy limpia. Con rumbo hacia el mercado, siguieron conversando y le ofreció ayudarla a cargar los adornos cuando regresara al carro. Le contó que le decían Chus y vivía en un asentamiento camino a Santa Catarina Pinula, allí compartía un cuarto con una señora que estaba muy enferma y no podía caminar, por eso él trabajaba para sostenerla. Luego el niño le preguntó si lo había reconocido, porque un día tenían mucha hambre y había tocado en su casa preguntando por comida y ella les había regalado el almuerzo. La señora nunca supo su nombre, lo único que recordaba era que llevaba una estampita apretada contra su pecho.
La señora ofreció comprarle una bota nueva, pero dijo que no sería lo mismo por el encargo que le había dado su Mamá de cuidar la que tenía. Le contó que ella se mantenía muy ocupada porque trabajaba ayudando a muchos necesitados todos los días; la podía ver algunas veces durante el año, pero que a él le había dado la responsabilidad de cuidar a la señora enferma, lo cual hacía con mucho cariño.
¿Y a tí te invitaron a la posada? Si, le contestó, porque en esas fechas puedo estar junto a mi Mamá, y entonces platicamos cuando estamos solos, pues toda la gente canta y hace mucho ruido con los chinchines, tortugas y cohetes.
¿Y qué tiene de especial esa bota? Mire, en ella llevo una foto de mi mamá y cuando me siento solo la saco y platico con ella, además de una hojita con la letra para pedir posada. Desde que me dieron la bota, la llevo siempre conmigo para que no se arruine la foto ni la letra de la canción. ¿Pero tú sabes leer? Si señora, doña Ana, la señora que cuido, me enseñó a leer y a escribir, porque no pude ir a la escuela.
¿Qué otros trabajos haces? En diciembre y enero barro y cuido el nacimiento que ponen en la Iglesia de la Villa de Guadalupe. En febrero me voy a la Iglesia de La Candelaria con mi Mamá, allí sacudo todo lo que hay en la Iglesia. En marzo o abril vamos con mi Mamá a las procesiones de La Recolección, La Merced, San José, Capuchinas, El Calvario y Candelaria. Los Padrecitos me regalaron las túnicas de cururucho y cargo a San Juan, porque cuando sea grande voy a cargar las andas grandes. Además llevo el incienso durante las procesiones. En mayo, estoy en Santo Domingo todo el mes, ayudando a poner las flores del altar mayor. En junio y julio lavo y cuido carros. En agosto estamos con mi Mamá en la Iglesia de la Asunción, allí también aprovecho para cuidar y lavar algunos carros. En septiembre estoy en La Merced, junto con mi Mamá limpiamos el alta. En Octubre regreso a Santo Domingo. En noviembre estoy en La Medalla Milagrosa vendiendo dulcitos y algodones. Y en diciembre estoy muy ocupado porque se acerca la Navidad y vienen muchas personas a comprar adornos y luego voy con mi Mamá a las posadas.
Bueno, ahora que me has contado cómo vives, ¿Por qué te dicen Chus? Dice doña Ana que nací el 25 de diciembre y ese día es el Nacimiento del Niño Jesús, así que me pusieron el mismo nombre, además es muy bonito porque toda la gente está alegre y de paso celebran mi cumpleaños junto a Jesús.
Pero entonces tu mamá sí pasa esas fiestas contigo. Por supuesto señora, Ella también es la mamá del Niño Jesús, nosotros somos hermanos, solo que Él está en el cielo con su Papá y yo como soy muy chiquito y tengo que cuidar a doña Ana, todavía no puedo ir. Dice mi Mamá que un día me va a llevar para que conozca ese lugar, porque hay muchos niños como yo que cuidan las cosas de la Iglesia. Fíjese que en la noche platicamos mucho con mi Mamá, hasta que me quedo dormido. Se la voy a presentar uno de estos días, pero no sé cuándo porque se mantiene muy ocupada y al único que visita un ratito todos los días es a mí antes de dormirme.
Bueno señora, mucho gusto de conocerla, ya sabe dónde encontrarme si necesita que la ayude. Le voy a contar a mi Mamá que platicamos y que la cuide mucho, también a su familia.
¿Y tu mamá cómo se llama? - Mi Mamá se llama María, es esa Señora tan linda que está en esa posada que va pasando -.

martes, 24 de noviembre de 2009

LAS SIETE MARAVILLAS


En varios sitios de Internet, apareció un espacio para actualizar las Siete Maravillas del Mundo. Seguramente muchos votaron por algo que consideran una maravilla de su país, lo más lógico y normal.
Pienso cambiar la visión de lo que se conoce como Las Siete Maravillas del Mundo, aunque en un plano totalmente distinto, no refiriéndome a obras artísticas, las cuales sigo admirando. Para mí hay también otras Siete Maravillas que enumeraré a continuación:

1- Proceder de unos padres que nos han legado su honradez y rectitud en la vida y transmitirlo a nuestros hijos.
2- Contar con amigos verdaderos, aunque pocos.
3- Respetar las vidas ajenas.
4- Prestar un servicio, sin ningún interés por obtener algo de la persona servida.
5- El valor de las personas por sus principios éticos y morales.
6- Cumplimiento y honestidad en el trabajo.
7- Trato humano, respetando la dignidad de las personas.

Se puede enumerar muchas más, aunque considero que si comenzamos con las siete propuestas, tendríamos una sociedad menos inclinada al chisme, la envidia, la crítica, la deshonra, la calumnia, el robo, la violencia, etc. Desafortunadamente hay que reconocer la pérdida mundial de valores, estamos inmersos en una sociedad permisible, en donde no es permitido expresar una opinión sobre normas de conducta en contra de la ética o la moral, porque entonces somos tildados de exagerados, inadaptados o desquiciados.

Hay frases importantes de personajes que no debieran de olvidarse, cito por ejemplo, a Benito Juárez: "El respeto al derecho ajeno es la paz del mundo". Es lamentable que algunas personas con su opinión atropellen la dignidad de alguien, por buscar el protagonismo, la noticia fresca (de muy buena fuente, dicen ellos), el prestigio profesional o simplemente verter veneno, para luego quedarse tan tranquilos como si no hubiera pasado nada. Y lo que es peor aún, la mayoría del público les da la razón sin saber lo que está de trasfondo.

¿Qué es lo que estamos heredando a las generaciones venideras? Una sociedad sin rumbo, dando tumbos por todas partes. El hombre se está destrozando a sí mismo, el respeto por la vida no vale nada, mucho menos el respeto a las personas. Parece que los inadaptados somos las personas que vivimos de acuerdo a los principios y valores que nos inculcaron nuestros mayores, nos miran y catalogan como animales raros que no vamos de acuerdo a la modernidad, nos hemos quedado atrasados muchos siglos. Anteriormente se respetaba sobremanera la palabra de caballero, ahora se ha cambiado por las malas palabras pero no de caballero precisamente. Es usual escuchar un vocabulario soez entre los jóvenes de ambos sexos, dicen que es porque están más en confianza...

Entre mujeres y en son de broma se dice que, es mejor ser la última en abandonar una reunión, porque de esa manera se evita que al irse se le critique y no quede ni tan solo hilachas para tratar de recomponerla. Aunque sea motivo de burla, algunas veces resulta cierto, pues hay grupitos que a lo único que se dedican es a poner en el matadero a las personas, se transforma en un vicio, aunque no les conste nada. Mejor sería que se dedicaran a buscar trabajo y hacer algo productivo.

Grandes hombres ilustres han sido reconocidos en la Historia, por su honestidad, rectitud y honradez, pero para muchos otros su propósito no ha sido figurar en las páginas de periódicos, revistas y otras publicaciones, han vivido de una manera ejemplar,con el interés de cumplir su deber como ciudadanos nobles y honrados para bien de la humanidad.

El materialismo ha llevado a las personas , en su afán de poseer, a darle la espalda a lo humano. Lo importante es estar actualizado con toda la tecnología, competir aunque se pase por grandes sacrificios para obtener la última moda o novedad. Se ha caído en la despersonalización, la comunicación en los hogares es cada vez menor, hasta llegar al colmo de no saber en dónde está cada miembro de la familia.

¿Hacia dónde vamos? ¿Queremos verdaderamente alcanzar la paz? ¿Cómo salir de esta crisis? Por eso propongo estas Siete Maravillas que mencioné al principio, pueden ser un buen inicio para reflexionar y comenzar a invertir para alcanzar objetivos importantes en la sociedad.

lunes, 13 de julio de 2009

Exposición de Pintura en Antigua, Guatemala


Como una persona interesada en Arte, me llamó la atención una exposición de Pintura en la Galería Antigua, en Antigua-Guatemala, sobre La Virgen, Santos, etc. relacionada con la cultura contemporánea. Observé a través de la ventana y a primera vista parecía interesante. Después de almorzar, decidí visitar la muestra y al acercarme me percaté de la mala calidad de los rostros de las imágenes, que por el colorido de los cuadros no se podía apreciar a distancia. Además, como una opinión personal, creo que es irreverente mostrar la "Huída" con las imágenes de La Virgen María con un feo rostro, el Niño Jesús, y San José portando un fusil en la mano, como si se tratara de una persona violenta. Todo lo contrario de lo que representa la figura del Padre Adoptivo de Jesús, el hombre noble, fiel, trabajador y protector de Jesús y María, a quien Dios confió el cuidado de la Sagrada Familia. A mi parecer, es una crítica indirecta hacia la pintura religiosa, aunque tal vez esa no fue la intención del artista, en las pinturas trató de mostrar en lo que se ha convertido la sociedad en la actualidad y utilizó esas imágenes para llamar la atención.
En la Galería se encuentran pinturas y esculturas de reconocidos artistas y es una pena que se presente esta clase de obras, dejando por un lado lo referente al significado religioso, con la figura humana y los rostros poco trabajados. Se supone que cada galería cuenta con un curador que examina y califica las obras que se expondrán, no por tener un nombre y apellido extranjero o que resida permanente o temporalmente en un Departamento de Guatemala,puede permitírsele exponer obras de baja calidad. Esta muestra no se puede incluir en ninguna corriente,pues como académica no da la talla y como modernista,postmodernista, de vanguardia, etc. el artista no tiene idea de lo que es una obra de arte como tal. Simplemente se le ocurrió pintar lienzos y hacer una crítica; a la calidad no le dio ninguna importancia. Creo que es por eso que hay necesidad de fomentar en las personas una educación estética y más si alguien se va dedicar a alguna rama del arte.

sábado, 6 de junio de 2009

LOS SHUCOS


Ahora, que estamos en la era del fast food, nos hemos acostumbrado a llamar shucos a los panes que originalmente eran los hot dogs o chuchitos calientes.
Comencemos por identificar la palabra shuco. Shuco, sinónimo de sucio, mal oliente, jugadas mal intencionadas, negocios de dudosa procedencia, etc.

Por los años 50 y 60 los estudiantes de aquellos tiempos salíamos de los colegios a sextear y ver patojos y patojas. Sobre la 6a. avenida y trece calle de la zona 1 de la ciudad capital, existía un establecimiento llamado Frankfurt, en donde vendían unos deliciosos hot dogs y mixtas. Aprovechábamos para comprar uno y compartirlo con los amigos o amigas, pero todavía no los habíamos bautizado con ningún nombre.

Se popularizaron tanto y como los chapines somos ocurrentes, se les dio el nombre de shucos a los panitos de ventas en carretilla. Estas ventas llevan una plancha en donde se doran un poco las salchichas, se prepara el guacamole, el repollo, mostaza, mayonesa, ketchup y chile (si se desea). No hay quién no haya comido alguna vez los famosos shucos, cuyo origen fue en la Zona 4, atrás de la Cámara de Industria, conocidos como "Los Shucos del Liceo" o "Los Shucos del Chino". Este negocio también se ha propagado a las universidades, y en las tiendas y supermercados los panes se venden como shucos.

Al final de la Avenida de las Américas, zona 13, se sitúa una venta callejera de shucos. Al ir a abordar mi carro, que se encontraba estacionado cerca de la venta, observé a un perrito flaco y desnutrido merodeando alrededor de un bote. Este inteligente animal esperó el descuido del dueño para sacar un paquete de salchichas, rápidamente cruzó la calle y se escondió detrás de un arbolito, en donde tranquilamente degustó del exquisito manjar. Por la aglomeración de los compradores, el dueño ni se percató del ladroncillo, que con tanta astucia esperó el instante preciso para saciar el hambre. Me causó mucha gracia y con la amiga que me acompañaba soltamos una carcajada.

Aplicándolo a ciertos seres humanos, existe un paralelismo con la anterior anécdota. Individuos aprovechados que con movimientos hábiles y shucos, embaucan o engañan a las personas, sin importarles el perjuicio que causan. Además, al igual que el perrito, buscan esconderse atentos a cualquier movimiento extraño que los delate. El perrito se justifica porque lo hizo por hambre, en contraste, el hambre del ser humano persigue enriquecerse a costa de otros. La aplicación de la ley en estos casos no se cumple, pues estos individuos han calculado fríamente los movimientos y compran la voluntad de los encargados de aplicar la justicia. ¡Cuántas personas han quedado en la calle por confiar en instituciones manejadas por personas inescrupulosas! Tal vez eran ahorros conseguidos con el esfuerzo de años y años de trabajo honrado, con miras a asegurar su vejez. Aquí queda como anillo al dedo tildarlos de SHUCOS, escrupulosos por fuera, podridos por dentro, corrompidos por el poder que da el dinero. Estas personas son verdaderos representantes de la palabra.

Volviendo a la simpática y popular comida de los shucos, imagino que fueron bautizados así porque se chorrean por los lados al tratar de comerlos, uno se mancha las manos, la ropa y hasta los zapatos. Es una comida rápida, popular y barata para mitigar el hambre; se encuentra en infinidad de calles y avenidas, parques, colegios, universidades y eventos de cualquier naturaleza. Hay personas que pueden comerse hasta una docena de shucos en el mismo instante.

Cuando esté cerca de una carretilla que vende shucos, mientras paga y busca un lugar para apoyar su gaseosa y el shuco, ponga atención porque alrededor siempre hay uno o dos perros acompañando al vendedor, en el momento menos esperado puede desaparecer su refacción, almuerzo o cena, como por arte de magia.
Debo agradecerle a los shucos, haberme traído a la memoria una anécdota que todavía me causa risa, basada en algo tan sencillo como un simple perrito callejero y un paquete de salchichas.

miércoles, 27 de mayo de 2009

HUELLAS DEL TIEMPO


En nuestro recorrido por la vida, habremos tenido momentos que han dejado una huella en el camino. ¿Si nos preguntaran cuál de todos ha sido el que más recordamos? Seguramente estaríamos ante un panorama tan extenso, que resultaría muy difícil responder de inmediato sin antes meditar sobre cada paso que hemos dado.

La mayoría de las personas recuerdan muy poco sobre sus primeros años de vida, hasta llegar aproximadamente a los 5 o 7 años de edad. Resulta interesante preguntarnos el motivo por el cual han quedado fijos en nuestra memoria. Probablemente fue la primera vez que fuimos separados de nuestros padres para ir a la escuela, porque significó salir del ámbito seguro y protector. Cuentan algunas madres que la tristeza las embargó toda la mañana, sólo de pensar que algo pudiera sucederles a sus hijos. Conforme fueron pasando los días la angustia terminó y tanto la madre como el niño o la niña se fueron adaptando. El niño o niña recordará cierto disfraz que utilizó en alguna de sus clausuras, la cantidad de fotos que guardan sus padres en un album, sin lugar a dudas sintiéndose muy orgullosos de ver la desenvoltura de sus pequeños, aunque el papel hubiera sido representar a un árbol fijo sin ningún movimiento ni sonido.

Luego el cambio de un colegito cercano a la casa, hacia un colegio formal con más niños, y utilizando el bus del colegio como medio de transporte. Los pobres niños con carita de sueño bajando del bus, y pensando en que primero tenían que hacer las largas tareas para gozar un poco del juego. Despertar cada mañana muy temprano entre: ¡Apurate! ¡Terminá tu desayuno! ¡Te va a dejar el bus!El niño o niña arrastrando su mochila, tan pesada como un tractor. El día de entrevista de los padres con los maestros, los niños felices de no tener que ir al colegio; algunos angustiados por las calificaciones y la opinión de los maestros, otros, tranquilos, sabiendo haber obtenido buenas calificaciones y en espera de una felicitación o un premio de parte de sus padres.

Ya sea de una u otra manera, creo que no hay ninguna persona que no haya soñado con el momento de no saber contestar las preguntas de un examen, y el alivio al despertar y comprobar que es historia antigua.

Otras personas recordarán con agrado los ratos compartidos en familia, días de campo, cumpleaños, etc. Inolvidables las travesuras y por supuesto al estar jugando, haber roto alguna maceta, vidrio o adorno en casa de los tíos, los abuelitos o los vecinos. ¡Qué ratos aquellos! Niños, cuya única preocupación y obligación era estudiar para los exámenes y divertirse jugando.

Los viajes traen recuerdos agradables, conocer otros países y gozar de las diferentes atracciones que se ofrecen al visitante. Visitar las tiendas y comprar un juguete o alguna curiosidad novedosa y luego regresar a casa para disfrutar de ella, conservarla como un gran tesoro para poderla observar más tarde con cierto aire de nostalgia.

La primera vez que nos enamoramos de aquel príncipe azul o la princesa de película, cuando todo era color de rosa y se nos escapaba el tiempo soñando sin tener en la mente más que aquella imaginaria historia de amor, muchas veces platónica.
Adolescentes, entre música, fiestas y paseos con los amigos, creyendo haber conquistado el mundo, haciendo castillos en el aire sin saber que apenas estabamos comenzado a conocer la vida. La primera vez que manejamos un carro solos y la primera vez que lo chocamos sin saber cómo explicarlo a los papás, porque aunque no hubiera sido nuestra culpa sería un poco difícil de creer.

¿Y quién no se capeó alguna vez, con la excusa de ir a conseguir regalos para los juegos que habrían en la mañana deportiva o la kermesse del colegio? El encargo se realizaba muy rápido y el resto del tiempo a tomar un helado, comer un shuco o una hamburguesa.

Casi todos los colegios desfilaban el 15 de septiembre, entonces se aprovechaba para perder el tiempo repasando para la marcha. Se hacían los ensayos durante las horas de clase, de manera que no podían impedirnos ir a las prácticas. Lo malo era que al día siguiente de la marcha, programaban exámenes, y si se había perdido el tiempo había que estudiar mucho para rendir bien.

Los tiempos de universidad, hacer nuevos amigos, salir de paseo o armar fiesta con cualquier excusa. Amigos que casi siempre son para toda la vida, porque es la época que se va entrando en la madurez y se busca pertenecer a un grupo con los mismas aficiones e intereses. A algunos compañeros, igual que al graduarnos del colegio, nunca los volveremos a ver, pero quedarán en el recuerdo las horas de estudio o simplemente los ratos felices que compartimos durante los años de la carrera.
Anécdotas de las que volvemos a reirnos al reunirnos, bromas y situaciones que sin planearlas resultaron graciosas, pero que sólamente los del grupo comprendemos.

El nacimiento de cada uno de nuestros hijos, nunca se podrá describir la felicidad de ser padres y tener por primera vez entre los brazos a esas criaturitas tan frágiles, regalos que Dios nos dio. Sus primeras sonrisas, sus primeras palabras, sus primeros pasos, en fin, toda la vida de satisfacciones que nos han brindado.

Estas son algunas cosas que se pueden recordar con agrado, aunque cada persona guardará muchas otras de grata recordación.

¿Alguna vez hemos pensado cuántas huellas del tiempo hemos dejado en la vida? Si hasta ahora nos planteamos esta pregunta, es mejor que comencemos a reflexionar, porque el tiempo vuela y cuando uno menos siente ya se le ha escapado. Quizás cada uno de nosotros piensa que las huellas del tiempo no nos han afectado, pero al paso de los años éstas imprimen su sello y al mirar hacia atrás nos damos cuenta que cada instante ha quedado estampado en el libro de nuestra vida, unas líneas irrepetibles, quizás con algunos altibajos, forjadoras de nuestro entorno y nuestra personalidad. Ojalá hayamos contribuído en algo hacia un futuro mejor y no haber pasado por el mundo así nada más, por lo menos dejando un grato recuerdo en las personas que tuvimos la dicha de conocer, aunque haya sido un momento tan efímero como el vuelo de las mariposas.

domingo, 24 de mayo de 2009

REDES SOCIALES


Haciendo un recorrido desde la infancia, nos podemos dar cuenta que hemos sido agregados pasivamente a formar parte de grupos o instituciones como: la familia, el colegio, el instituto, cuyos conectores han sido nuestros padres. En la adolescencia fue la primera vez que escogimos los amigos con quiénes entablar una relación social, compartiendo ratos agradables e intereses mutuos.

En la Universidad o en el trabajo, empezamos a conocer gente nueva por motivos de afinidad y a reorganizar nuestro entorno, se amplió nuestra actividad social y los medios de comunicación vinieron en nuestro auxilio, para salir al mundo y fortalecer lazos de amistad con personas con las que habíamos perdido contacto por diferentes circunstancias. Las relaciones virtuales se han extendido y fundido con la construcción de nuestro entorno. Hemos sufrido una transformación con diferentes características. Si buscamos trazar la red social de un grupo de bloggers a través de Internet, seguramente obtendremos datos de distintas categorías: conferencias, publicación de artículos, proyectos colectivos, referencias familiares, compañeros de colegio o vecindario, con vista a establecer relaciones de largo recorrido.


Había quedado un espacio sin explorar, entonces dan inicio otras redes virtuales, una estructura en donde hay individuos que se encuentran relacionados entre sí. Las relaciones pueden ser de tipo financiero, amistad, como medio de interacción entre diferentes chats, foros, juegos en línea, etc. La popularidad de estos sitios creció rápidamente y grandes compañías han entrado en el espacio en Internet. Por ejemplo, Google lanzó Orkut en el año 2004, Yahoo creó redes sociales en el año 2005.

Este sistema comienza cuando un número inicial de participantes envía mensajes a miembros de su propia red social, invitándoles a unirse al sitio. Los nuevos participantes repiten el proceso, creciendo el número total de miembros y los enlaces de la red. Los sitios ofrecen características como actualización automática de la libreta de direcciones, perfiles visibles, y también pueden crearse en torno a relaciones comerciales.

Las redes sociales son más populares que el correo electrónico. Hay personas que se quedan pegados a estos sitios web y navegan mucho tiempo a través de sus páginas, porque en ellas satisfacen las necesidades básicas de actualidad, comunicación, entretenimiento y protagonismo. Existe la necesidad de estar informados sobre el mundo y áreas de interés generales, pero también interesa lo que está haciendo determinada persona, dónde vive, cómo le fue en su viaje, y qué es de la vida del novio, el esposo y los hijos. Por eso, sitios como Facebook o MySpace, ofrecen diversos recursos para estar enterados sobre mucha gente o temas de distintas maneras; los chismes, fotos y videos quedan archivados para compartirlos con otros. Gracias a la tecnología, las distancias geográficas se han reducido y podemos estar interconectados a personas, fuentes de información y recursos en cualquier parte del mundo.

Sin embargo, hay una parte negativa al utilizar estos sitios web. No hay que pecar de inocentes ofreciendo datos de nuestras vidas que después pueden ser utilizados para perjudicarnos. No es muy difìcil que gente inescrupulosa use una falsa identidad para sacar información que posteriormente utilizará y ocasionará algún daño emocional, moral o material.

Pueden catalogarme como una persona anticuada o desactualizada por no utilizar Orkut, Facebook, Twitter, etc., porque considero peligroso que cualquier persona tenga acceso a la intimidad y la vida privada, aunque se proporcionen los datos mínimos que requieren estos sitios para ingresar como miembro.

sábado, 18 de abril de 2009

Zapatos Rotos


Póngase a pensar en lo útil que es tener unos zapatos viejos, aunque rotos. Esos zapatos lo han acompañado muchas horas. Por ejemplo, cuando se puso a buscar un libro cuya edición ha sido descontinuada y usted ha visitado todas las librerías del país pero sin éxito. Aquella vez cuando fue al colegio y buscaba a su hijo, pero tropezó con una piedra del campo de futbol y se raspó el zapato izquierdo.
Estuvo entusiasmada por ir a una fiesta, pero al ir a buscar el vestido que combinara con sus zapatos, por descuido derramó el refresco y la mancha nunca la pudo quitar. En fin, que esos zapatos tienen su historia, aunque algunas personas no le den importancia. Ellos probablemente le agradecerán que de vez en cuando les dé una miradita, pues han sido sus compañeros inseparables. Por eso le propongo no tirarlos así nada más, recuerde que son parte de sus vivencias.